jueves, 22 de diciembre de 2011

Solo gotas en el mar


"Qué palabras pueden expresar de forma más fiel sentimientos tan abstractos cuando las palabras, miles y miles que solo nos ayudan a apaciguar nuestras mentes curiosas, son insuficientes para todo aquel que alguna vez se haya maravillado con
el mar".
Caminar por la playa y dejar que la arena acaricie tus pies, que la salada orilla se enamore de tus dedos, que la brisa del mar te hable en una lengua que no se debe conocer. Cruzar kilómetros de arena y agua unidas por un límite variable e inquieto, mirar al horizonte azul, ser consciente de la inmensidad del océano, girar la visión y seguir adelante. Llegar a tu destino, donde el mar descarga su energía con la tierra. La arena negra azabache, las rocas pulidas y redondeadas, la espuma salpicándote las rodillas. Dejarlo todo atrás y meter tus pies en el agua, cruzar una barrera invisible y entrar en tu propio mundo, un mundo en el que solo estas tú y el mar. Con la tabla bajo tu brazo, avanzando sin parar, el agua fría que te hace estremecer desde los talones hasta el cuello, las olas golpeándote, poniéndote a prueba. Subes a tu tabla y comienzas a remar sin detenerte, con tu ritmo constante y desenfadado, y a adentrarte donde se conciben las primeras olas que puedes remar.
Miras a tú alrededor y el agua lo abarca todo, hasta que tu mirada se posa durante un instante en la orilla, donde se encuentran esperándote las penurias y alegrías de la vida, donde están las preocupaciones y responsabilidades. Y te encuentras sumergido en tu propia mente, entrelazando pensamientos en los que hasta entonces no habías reflexionado; te despojas de tu ropa, tu trabajo, tus estudios, tu dinero. Te das cuenta que a apenas 100 metros de la playa nada de eso importa. Solo importa la siguiente ola, el dejarte llevar por su fuerza, usarla a tu favor y disfrutar de algo único, de una sensación de paz. Esa sensación de paz con todo lo que te rodea. Ver pasar las horas en el agua, a veces rápidas y otras lentas y salir cuando el sol está huyendo hacia el horizonte mientras lo persiguen las nubes rojas. El agua antes azul ahora se torna oscura y misteriosa.
Cada vez que me dispongo a entrar al agua , es como si estuviese más lejos del mundo a cada brazada que doy, como si cada ola en la que me sumerjo arrastrase un poco del peso del mundo que cargo sobre mis hombros, como si me arrancase del alma las preocupaciones que merman mi carácter, cuando estoy en el agua soy yo mismo al máximo, solo yo, únicamente acompañado por el mar, hablándonos el uno al otro en un silencio ensordecedor, sintiendo bajo mis pies toda la vida que ocurre y fluye impávidamente a pesar de mi presencia. Ser consciente de que solo soy un punto del mapa, a merced de la naturaleza.

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