Un paso,
dos pasos, tres, cuatro, cinco; Bajo la mirada y miro mis empolvados y
magullados pies que me han llevado a lo largo de este periplo. Seis pasos,
siete, ocho; Siento bajo ellos como la planta se deforma al paso por las
piedras, como se humedecen en contacto con el agua y como reconfortados corren
por la hierba; nueve, diez...
No
recuerdo cuantas veces la luz de las estrellas se ha posado sobre mi piel, tan
solo recuerdo… ¿Qué recuerdo?
Esta es
mi historia. La de un niño que preguntó, la de un joven que pensó, la de un
hombre que luchó. En la tierra de nadie, en el mundo de todos nací.
“Crecí entre olas blancas que nos daban
cobijo”.
Una vez
pregunté ¿quién era, que hacía allí? El viento soplaba y sus secas caricias
fueron la respuesta. Algunos dicen que el silencio no se escucha, no se oye, no
se siente, que es un rincón de paz, de sueño, y yo les diré: es el murmullo de
las almas, aquellas que no tuvieron agallas
para responder, es la voz de la tristeza encarcelada entre blancas ropas que
esperan acabar, son los gritos reprimidos de la desesperanza, la sonrisa del
triunfo de aquellos que lo han provocado. El me encontró y lo abracé como a un
amigo, quería aprender de él, superar el miedo, encontrarme. Por eso me muevo.
Llevo
caminando desde que tengo conciencia, desde entonces he visto, escuchado, y
sentido todo aquello que me ha creado. Me siento como un extraño en unos
parajes que me he dispuesto a atravesar y de los cuales sé bien poco, pero
que despiertan la curiosidad que me mueve. Mis
piernas hostigadas por un interés, que no puedo comprender, generado por la química
de mi cerebro, corren cual ser desesperado en busca de cobijo. Un resguardo que
solo la sensación de satisfacción puede proporcionar. ¿Peró que me satisface? ¿Que
es lo que pretendo encontrar?
“Mis ojos se pierden en la riqueza de lo que
ven, entre la pobreza de lo que miran”.
Entonces
caigo y mis manos se apoyaron en el único testigo imperturbable de nuestra
historia, la tierra. Vidas y anteriores historias disgregadas por lo elementos
o fuegos que escapan del interior de nuestro mundo, que bajo el efecto de los
elementos han dibujado los campos, formado las montañas y dejado paso a los ríos, todos
impasibles a los cambios que mi especie definía.
Y que no es
sino la tierra, el lugar donde el hombre ha dejado prueba de su existencia. Todo lo que pisamos se ha
convertido en testimonio de los recuerdos de cientos de personas, sus vidas, sus
sentimientos, sus ilusiones, su ausencia, los sueños que nunca llegaron a
realizar, las decepciones, los engaños, los amores y las guerras que
envenenaron sus vidas… Todo esto esta aquí, bajo nuestros pies atrapado para
siempre. Muerte y Vida.
Entonces
agotado, apoyado sobre ella, me doy cuenta. Esta aquí, esta allí. De dónde vengo
y a dónde voy. Nunca paré de buscar porque nunca quise encontrar nada. Averiguar
todo lo que esté en mis manos y nunca detenerme para que cuando muera, la
tierra trague mi historia, guarde mis recuerdos y me devuelva a las estrellas. Me levanto.
“Venimos de polvo de estrellas, polvo
de estrellas somos y en polvo de estrellas nos convertiremos”
Por todo esto y por más, he estado caminando con la compañía de todos vosotros y de un amigo que cosido a mis pies, desaparece cuando oscurece. Once, doce, trece...
