domingo, 29 de abril de 2012

La diferencia entre existir y vivir reside en los que amas


“Cuando sabes que eres uno de un millón, cuando sabes que el mundo seguirá ante tu ausencia, cuando sabes que hay momentos en que la tristeza es irresistible, sacar una sola sonrisa puede llegar a ser una sensación única.”




En un mundo cada día mas cruel y árido, hay personas que son capaces de hacer sonreír en los momentos mas duros a aquellos que la vida no deja de golpear, hay personas que hacen de nosotros mejores personas, nos hacen ser mas de lo que jamás podríamos soñar, personas que nos motivan a conseguir lo que siempre hemos querido, personas que con solo una palabra endulzan los oídos amargados, que con una sonrisa iluminan las miradas caídas.

Madres que te brindan una sonrisa con solo ver que llegas a casa, padres que te hacen sentir el orgullo que sienten al verte seguir tu propio camino, hermanas y hermanos que nos enseñan como ser lo que queramos ser. Amigos que nos otorgan risas y alegres momentos, convirtiéndose en tus camaradas en una guerra perpetua contra el mal humor propio y ajeno

Hay personas que solo están de camino, personas que se quedan, personas que se van, pero que aun así se ganan a fuego un lugar en nuestros  corazones, personas que amplían el significado de familia: hermanos con distintas madres,  amigos cuyo titulo se queda corto para expresar el real sentimiento de unión.

Existen personas que nos enseñan a abrir nuestras mentes a algo mas que lo que podemos ver y oír, personas que nos enseñan a disfrutar de los pequeños detalles y de los momentos mas inesperados, que nos enseñan a vivir la vida y a convivir con lo que nos rodea. Personas que nos describen mundos e historias apasionantes, personas que nos transportan a sensaciones mediante palabras.
Personas que son capaces de hacernos amar de distintas formas, y personas que son capaces de hacernos amar de forma única. Personas que la vida separa en la distancia y en la cercanía, pero recordando siempre los momentos felices que nos hacen vivir cada una de ellas. Nunca debemos dejar que el sufrimiento devore a la serenidad, nunca debemos  olvidar la felicidad vivida.

Solo espero que aquellos que mas necesitan a estas personas, las encuentren en su vida, las encuentren  en los lugares que visiten, en lo momentos que vivan. Yo he tenido la suerte de conocer personas que me hacen creer en la humanidad, personas sencillas que llegaran a ser grandes, personas que me han hecho creer que esta vida merece ser vivida en cada aliento, en cada mirada y en cada beso. 

sábado, 21 de abril de 2012

-¿Por qué recortas?.- Hay que ser modesto...

Cospedal: "El fracaso universitario del 30% cuesta a los españoles 3.000 millones". Con esta frase la secretaria general del PP justifica los recortes en la educación universitaria...

¿Como debo entender esta afirmación? ¿Significará eso que los estudiantes españoles se divierten perdiendo el tiempo en las aulas adrede? ¿O que las enseñanzas que preceden a la formación superior son deplorables?

Sin duda alguna será la primera. ¿Como puede ser posible  pensar que enseñanzas como la Educación Infantil, Primaria o la ESO son de mala calidad, si tan sobrados vamos que nos podemos permitir que el ratio de alumnos en las aulas aumente y ya puestos, por qué no,  mermar la capacidad pedagógica de nuestros profesores exigiéndoles más horas de trabajo?

Yo creo que mas que recortes, todo esto es un signo de modestia para que nuestros vecinos europeos no se desanimen ni nos envidien al comparar nuestro magnífico sistema educativo con el suyo.

lunes, 26 de marzo de 2012

Conozco una playa


Dejándome llevar por curvas, bordeando huertas, podía distinguir mangos, papayos, plataneras, incluso algún que otro nisperero.  Me recordaba a mi infancia, a lugares de los que guardo instantáneas en mi memoria. Lugares de los que me hubiera gustado disfrutar un poco más.

Dejando atrás una casa de piedra con las tejas inundadas de veroles y tomando el primer cruce hacia la derecha, me dirigí hacia parcelas de cultivo rodeadas por altos muros grises. La visión no parecía muy idílica, pero aun así en el aire se respiraba la tranquilidad de lo natural, lo incorrupto. En el cielo se veían grandes aves negras de estridentes chillidos. Eran grajas, una especie única que solo existe en La Palma.

Continué hasta llegar al final del camino, que no era más que un imponente acantilado que caía en picado al mar. Bajé del coche y me asomé. Fue ahí cuando comprendí que ya había encontrado mi espacio. Ese espacio en el que te sientes a gusto con tu soledad. Donde puedes pasarte las horas sentado mirando al horizonte sin que un solo pensamiento roce tu mente.


El espectacular acantilado terminaba en una inmensa playa de arena negra. A pesar de su longitud, era bastante estrecha, por lo que supuse que no debería ser muy concurrida, y estaba en lo cierto. Un estrecho camino bajaba serpenteando pegado a la pared protegido por toscas vallas de madera.


No sé cuantos escalones bajé, pero cuando llegue a aquel paraíso solo me dieron ganas de tirarme a la arena un buen rato. Será por el cansancio o simplemente la falta de costumbre de ver tanto sedimento en esta isla de piedra, pero me pasé más de media hora examinándola, mirándola de cerca, pasándola entre mis dedos…

A mi alrededor el espectáculo era imponente. Por un lado el mar embravecido que amenazaba con anegar la playa, y por el otro el altísimo acantilado del que de aquí y allá surgían hilos de agua que rápidamente desaparecían en la oscuridad de la arena.


Comencé a andar, admirando un paisaje que nunca imagine encontrar en esta isla. Las cañas llegaban casi a tocar el mar, y a los lados de los arroyos que formaba el agua dulce que salía de la roca se podían distinguir blancas calas, de esas que solo ves en lugares muy húmedos.


Ahí me pase las horas, sin música, sin móvil, sin libros… Solo con la mente enterrada en la arena negra de esta playa que se grabará en el recuerdo como aquellos nispereros de mi infancia. 


miércoles, 4 de enero de 2012

Los Puentes de Hidrógeno

¿Quién no se ha quedado alguna vez embelesado escuchando el sonido de sus olas al romper contra la arena? El tacto de su espuma al rozar tu piel...




¿Quién no ha regresado al él después de mucho tiempo y se ha llenado los pulmones con su aire? ¿Quién no ha admirado las caprichosas formas que dibuja? 




¿Quién no se ha sobrecogido con la espectacularidad de sus tormentas? ¿O se ha sentido infinitamente pequeño ante su inmensidad? 




Dejarse llevar por sus olas, adentrarte y sentir que estas conectado al mar física y mentalmente, trasladarte a otro mundo al cruzar una simple lína es una sensación que no puedo describir. 




Suele decirse que cada cual tiene un rincón predeterminado en el que evadirse de lo que le rodea, en el que sus problemas se comprimen hasta tornarse invisibles. 




Mi rincón ocupa dos terceras partes del Mundo


sábado, 24 de diciembre de 2011

Dust to dust


Un paso, dos pasos, tres, cuatro, cinco; Bajo la mirada y miro mis empolvados y magullados pies que me han llevado a lo largo de este periplo. Seis pasos, siete, ocho; Siento bajo ellos como la planta se deforma al paso por las piedras, como se humedecen en contacto con el agua y como reconfortados corren por la hierba; nueve, diez...

No recuerdo cuantas veces la luz de las estrellas se ha posado sobre mi piel, tan solo recuerdo… ¿Qué recuerdo?

Esta es mi historia. La de un niño que preguntó, la de un joven que pensó, la de un hombre que luchó. En la tierra de nadie, en el mundo de todos nací.

“Crecí entre olas blancas que nos daban cobijo”.

Una vez pregunté ¿quién era, que hacía allí? El viento soplaba y sus secas caricias fueron la respuesta. Algunos dicen que el silencio no se escucha, no se oye, no se siente, que es un rincón de paz, de sueño, y yo les diré: es el murmullo de las almas, aquellas  que no tuvieron agallas para responder, es la voz de la tristeza encarcelada entre blancas ropas que esperan acabar, son los gritos reprimidos de la desesperanza, la sonrisa del triunfo de aquellos que lo han provocado. El me encontró y lo abracé como a un amigo, quería aprender de él, superar el miedo, encontrarme. Por eso me muevo.

Llevo caminando desde que tengo conciencia, desde entonces he visto, escuchado, y sentido todo aquello que me ha creado. Me siento como un extraño en unos parajes que me he dispuesto a atravesar y de los cuales sé bien poco, pero que despiertan la curiosidad que me mueve. Mis piernas hostigadas por un interés, que no puedo comprender, generado por la química de mi cerebro, corren cual ser desesperado en busca de cobijo. Un resguardo que solo la sensación de satisfacción puede proporcionar. ¿Peró que me satisface? ¿Que es lo que pretendo encontrar?

“Mis ojos se pierden en la riqueza de lo que ven, entre la pobreza de lo que miran”.

Entonces caigo y mis manos se apoyaron en el único testigo imperturbable de nuestra historia, la tierra. Vidas y anteriores historias disgregadas por lo elementos o fuegos que escapan del interior de nuestro mundo, que bajo el efecto de los elementos han dibujado los campos, formado las montañas y dejado paso a los ríos, todos impasibles a los cambios que mi especie definía.

Y que no es sino la tierra, el lugar donde el hombre ha dejado prueba de su existencia. Todo lo que pisamos se ha convertido en testimonio de los recuerdos de cientos de personas, sus vidas, sus sentimientos, sus ilusiones, su ausencia, los sueños que nunca llegaron a realizar, las decepciones, los engaños, los amores y las guerras que envenenaron sus vidas… Todo esto esta aquí, bajo nuestros pies atrapado para siempre. Muerte y Vida.

Entonces agotado, apoyado sobre ella, me doy cuenta. Esta aquí, esta allí. De dónde vengo y a dónde voy. Nunca paré de buscar porque nunca quise encontrar nada. Averiguar todo lo que esté en mis manos y nunca detenerme para que cuando muera, la tierra trague mi historia, guarde mis recuerdos y me devuelva a las estrellas. Me levanto.

 “Venimos de polvo de estrellas, polvo de estrellas somos y en polvo de estrellas nos convertiremos”

Por todo esto y por más, he estado caminando con la compañía de todos vosotros y de un amigo que cosido a mis pies, desaparece cuando oscurece. Once, doce, trece...